La bailarina descalza: SIN AMIGOS NI AMOR, SOLO DIOS, SOLO DIOS Y ELLA MISMA.

Soy un desierto de hielo por dentro.
Mi corazón late atrapado por su extraño iceberg.
Repite: te amo, te amo, te amo, te amo.
El cerebro, congelado, le responde:
“No puedes amar así otra vez.”
¡QUE LE AMO!. protesta el corazón,
 torturado.
“¡Silencio y salvaguárdate.
Me llevarás a la locura de nuevo.
Esta vez haremos algo distinto.!”
Lamentos silenciosos,
llantos ahogados,
un aullido invertido.
Han hecho un pacto
cerebro y corazón.
Buscan la primavera
en cualquier otra parte del mundo;
sin hilos ni recuerdos,
lazos ni vínculos.
Un hilo de sangre
tras los pasos de una mujer en la hierba.
Titubeante, cae, desplomada.
Los recuerdos se amontonan
para desaparecer en un desvanecimiento.
Tal vez alguien pueda ayudarla
en aquel solitario lugar.
Tal vez Dios se apiade de su alma
y le otorgue una dulce muerte por fin
como camino al cielo y a la nueva vida
y despedida a sus torturas existenciales.

La bailarina descalza: SIN AMIGOS NI AMOR, SOLO DIOS, SOLO DIOS Y ELLA MISMA..