20131129 Un post diario

¡Solamente me caló! ¡Como un automóvil al que le hizo un test drive otorgado por la concesionaria! ¡Así me sentí!

No es agraciada físicamente. Aún el día del conjuro, entré en conflicto por ver en la calle a otras mujeres que evidentemente lucían mejor que ella. Una señora que ciertamente no tenía una hermosa cara, pero estaba bien peinada, con un vestido ciertamente juvenil, blanco y con motivos florales, y usando ballerinas, ¡sin medias!

Y no sólo eso… Desde días antes, me llamó la atención una mujer de donde mismo. De mejor ver.

También desde los días previos, me fijaba en las bocas de otras mujeres. El conflicto consistía en que ella tiene la boca muy fea. ¡Tú tienes cara de pato!

Se viste como catequista. Una forma de vestir muy retrógrada y que evidentemente no va con su edad.

Detesto que use medias. A mí me gusta ver a las mujeres con los pies y las piernas al natural.

El hecho de que sea tan quisquillosa para comer me espanta. También me espanta la manera en la que se expresa de las cosas y las personas que no le agradan. La manera en la que cuestiona que a uno le gusten las cosas que a ella no y que con cierto desdén muestre que no tiene idea de cómo se hacen esas cosas. Es súper intolerante. Yo soy quisquilloso, pero ella lo es en un grado extremo.

Que, inmediatamente después de que comenzó todo, me pidiera que fuera como una figura paterna para su niña. Además, la niña es bien cagapalos.

Desde un día antes de que todo comenzara, comenzaron los reclamos de porqué yo no la buscaba a ella ni le compartía mis cosas. Incluso hubo algunos reproches leves durante el conjuro, como el porqué comencé besándole la frente.

Esta mujer no es la «Ella» ni la «Tú» a quien está dedicado este blog. Es solamente una «ella».

Y aún así la quería… ¿Fui tolerante o masoquista? ¿O de plano la tomé como mi peor-es-nada? Ciertamente el proceso de bonding fue muy bonito. Demasiado rápido, pero muy bonito.

Me he ventilado… Dicen que es de maricones hablar mal de una mujer a quien alguna vez quisiste, pero creo que es válido desfogarse al calor de un rompimiento amoroso, al menos una sola vez y en un lugar en donde nada tiene qué ver. Mejor aquí que andar regándola allá en el mundo de carne y hueso.

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